
Paisaje del Chaco salteño cerca del límite con Formosa. En primer plano un palo borracho o yuchán. Foto PROTEGER
Luis María de la Cruz, representante de la Fundación para la Gestión e Investigación Regional, disertó sobre “La participación de la población local en el monitoreo de los cambios ambientales”. Se destacó que los conocimientos locales son válidos y de carácter científico y que fueron construidos para resolver problemas en la relación con el ambiente y la supervivencia de las personas.
Córdoba, 8 mayo 2009.- Finalizaron las Segundas Jornadas Argentinas de Ecología de Paisaje., fueron organizadas por la Asociación Argentina de Ecología de Paisaje (ASADEP) y de las mismas participó como conferencista Luis María de la Cruz, representante de la Fundación para la Gestión e Investigación Regional (FUNGIR).
“La participación de la población local en el monitoreo de los cambios ambientales”, fue el tema de la exposición de la conferencia plenaria que puso énfasis en que el concepto de “paisaje” es una construcción cultural que representa una realidad que puede ser monitoreada en sus cambios de diversas maneras. También se resaltó que los objetivos de ese “monitoreo” pueden diferir significativamente y, en ese sentido, la exposición se centró sobre un concepto de participación de acuerdo a la perspectiva del participante con el fin de entender su lugar en los cambios del paisaje y en las posibilidades de su control, tanto para su transformación o para su conservación.
Partiendo de la experiencia concreta de las actividades de FUNGIR, se propuso una revisión de los conceptos de participación de la población local y de monitoreo en el desarrollo de la construcción de herramientas para la gestión del ambiente; que impone necesariamente una revisión de la epistemología del paisaje.
En la exposición, dirigida principalmente a académicos universitarios, se resaltó que los conocimientos locales son válidos y de carácter científico, y que esos saberes fueron construidos para resolver problemas concretos vinculados a la relación ambiental y a la supervivencia y desarrollo de los grupos humanos que los detentan.
Muchos de esos conocimientos tienen un carácter mágico y son legitimados por mitos, antes que por “pruebas”. Eso no los hace menos válidos, sino que muestra que existen diferentes maneras de abordar un problema y encontrar respuestas para resolverlo. La ciencia occidental, en su abordaje sobre el objeto y los fenómenos que produce, muchas veces se desliga de sus responsabilidades para con él; lo observa, lo disecciona, lo analiza, lo vuelve a armar, lo deja en su lugar, lo cambia de lugar.
Los pueblos indígenas, desde su mirada mítica, donde el fenómeno tiene un carácter vital, están involucrados en la transformación permanente del mismo. La convergencia de ambas lecturas nos aporta un nuevo acceso a la realidad y componentes de autocrítica que deben incorporarse en las dos miradas para encontrar nuevos caminos de conocimiento para dar respuestas a la nueva situación de cambio en el paisaje.
El aprendizaje de la naturaleza y el descubrimiento de los patrones de paisaje desde la mirada de los pueblos indígenas obligan a revisar las representaciones ambientales que dan lugar a los conocimientos hegemónicos de occidente, en función a la “territorialidad” expresa en las representaciones de los pueblos que conviven cotidianamente con la naturaleza (en sus aspectos más amplios).
Ese aprendizaje se fue traduciendo en el desarrollo de un modelo de identificación de la estructura de los patrones de paisaje, comprensión de su funcionamiento y relevamiento y análisis de los cambios en los patrones, que ha devenido en una actividad participativa permanente de algunas zonas de la cuenca.
Durante la exposición se resaltó que el proceso participativo comenzó con dos componentes convergentes básicos. Por un lado, la decisión de una comunidad local de relevar permanentemente los cambios ocurridos en la cuenca del Pilcomayo, de un ciclo hídrico a otro; identificando criticidades y problemáticas específicas para la comunidad, en base a sus intereses y saberes.
Por otro, la decisión de las autoridades de la cuenca de abrir el espacio político y social para la participación y tomar en cuenta en su arbitraje los aportes e intereses de la población local y del proceso participativo complejo que se desarrolla posteriormente.
Eso permite acciones eficientes que resultan de un proceso complejo de participación junto con otros actores diversos que acceden a dicha información, la debaten, comparan con otras informaciones, contrastan, discuten propuestas de resolución en línea. Además también es accesible a los originarios generadores de información (la comunidad), con el fin de obtener resultados genuinamente participativos.
El modelo que se presentó a la comunidad académica, además de entrar en un concepto más amplio de participación y protagonismo, es una herramienta válida para la construcción de un concepto de cuenca, en tanto los mecanismos de intercambio y formas de compartir se hagan comunes a los diferentes sectores de esa región.
Fuente: Fundación para la Gestión e Investigación Regional